ARCO Madrid 2026

RAVNIKAR | 9OP09


Nevena Aleksovski & Maja Babič Košir

Letters from the South 𝑀𝒾𝓁𝑒𝓃𝒶, 2026

Text by Àngels Miralda

A wall of pink. Not as flatness, but as chromatic abundance. A surface that only appears singular until proximity reveals its stratified complexity. Letters from the South (2024–present) is a collaborative installation by Nevena Aleksovski and Maja Babič Košir that operates less as fixed composition than as accretive archive: drawings, paintings, found photographs, textiles, sculptural fragments, and vitrined objects accumulate into a mutable curtain that reconfigures with each staging. First presented at NADA Villa Warsaw and subsequently reimagined for Cukrarna Gallery in Ljubljana, the work refuses the logic of singular authorship or of static objectivity. Instead, it insists on a feminist methodology of accumulation. A layered, provisional, evolving, and resolutely collective artwork that speaks to the impossibility of singularity through its constantly shifting and healing forms. 

With each iteration, new elements infiltrate the composition; the arrangement develops organically on-site, guided by intuitive constellations rather than a predetermined schema. The result is a densely woven field of associations both personal and historical, that reads like an intimate read through a collective self. What can, at first glance, be read as monochromatic or monumental, quickly destroys both associations through its layered fragments and bold appearances of black, white, and frames within a larger frame. The work's apparent lightness is contradicted by the weight of the subjects it contains: traces of displacement, the cultural debris with which we are still surrounded that points towards tumultuous and violent pasts, and annotations of precarity under neoliberalism's enduring reign. 

Both artists work from the specificities of biography, both with their own experiences of migration, and inheritance. The work, however, is not autobiographical in a traditional sense, but appeals to the abstract sense of constructing empathy towards the contemporary human condition. It constructs a language of hints and clues that might become useful strategies for building empathy within societies, of understanding vague and small details as an expression of parallel timelines of violence, trauma, and healing. The collaboration’s strength lies in absorbing its own potential for diverse expression - the directness of text sits alongside the silent significance of found objects. Each object and image references an experience that triggers the imagination of the viewer to imagine its source as well as its destiny. 

A white coat becomes a hieroglyphic, elsewhere, a photograph of the sea (that wine-dark inevitable horizon without a visible end) floats beside quilted domestic textiles, beside faces half-obscured. The logic is the fragment that makes the whole, associative, and embodying of a philosophy that sees the condition of the world as a fragile ever-mended healing being. The cracks and layers are the essence of the work, the complexity of entangled open-ended stories that represent an interminable now, always mutable and indefinable. 

What emerges is not a synthesis but a form of careful coexistence, an aesthetic that finds beauty in opacity, valuing the unknowable particularity of each fragment while insisting on their necessary relationality. The installation's formal language appears minimalist in palette at first sight, despite its maximal accumulation, enacting a tension between fragmentation and continuity that mirrors the artists' inquiry into belonging. Home is a splintered country of shifting borders, solidarity is necessarily not with a community that is all the same, but with the other who shares a parallel journey of loss and repair across incomparable scenarios. 

This work was made possible only through the act of sisterhood and collaboration, the medium is both method and motif. Within this collaborative spirit is a vision of optimism that is enforced through small acts of refusal signalled through the word neću in Serbo-Croation - the first-person singular form of negation. A refusal of isolation, of singular heroic gesture, of the nation-state's territorial claims on identity. Letters from the Southstages correspondence as survival strategy, a discipline of healing work urgently needed in the world, an act that, like any work in culture, can never be done alone. 


Nevena Aleksovski & Maja Babič Košir, 2026

Letters from the South M i l e n a

Instalación site-specific

Texto de Àngels Miralda


Un muro rosa. No como planitud, sino como abundancia cromática. Una superficie que solo parece singular hasta que la proximidad revela su complejidad estratificada. Letters from the South (2024–presente) es una instalación colaborativa de Nevena Aleksovski y Maja Babič Košir que opera menos como composición fija que como archivo acumulativo: dibujos, pinturas, fotografías encontradas, textiles, fragmentos escultóricos y objetos en vitrinas se acumulan en una cortina mutable que se reconfigura con cada puesta en escena. Presentada por primera vez en NADA Villa Warsaw y posteriormente reimaginada para la Cukrarna Gallery en Ljubljana, la obra rechaza la lógica de la autoría singular y de la objetividad estática. En su lugar, insiste en una metodología feminista de acumulación: una obra en capas, provisional, en evolución y decididamente colectiva, que habla de la imposibilidad de la singularidad a través de sus formas en constante transformación y reparación.

Con cada iteración, nuevos elementos se infiltran en la composición; la disposición se desarrolla orgánicamente en el lugar, guiada por constelaciones intuitivas más que por un esquema predeterminado. El resultado es un campo densamente tejido de asociaciones, tanto personales como históricas, que se lee como un pasaje íntimo a través de un yo colectivo. Lo que en un principio puede percibirse como monocromático o monumental pronto se desestabiliza mediante fragmentos superpuestos y audaces apariciones de negro, blanco y dispositivos de encuadre dentro de un marco mayor. La aparente ligereza de la obra se ve contradicha por el peso de los temas que contiene: huellas de desplazamiento, detritos culturales que aluden a pasados tumultuosos y violentos, y anotaciones de precariedad bajo el régimen persistente del neoliberalismo.

Ambas artistas trabajan desde las especificidades de la biografía, moldeadas por experiencias de migración y herencia. Esa herencia es también histórica, y lleva consigo el legado en gran medida oculto de la resistencia colectiva de las mujeres en la antigua Yugoslavia. Durante la Segunda Guerra Mundial, cerca de 100.000 mujeres sirvieron en el ejército partisano, mientras que casi dos millones se unieron al Antifašistička fronta žena (Frente Antifascista de Mujeres), organizando logística, atención médica e infraestructuras de supervivencia junto a la lucha armada. La promesa de emancipación feminista asociada a la reconstrucción de posguerra quedó solo parcialmente cumplida, y este trabajo colectivo se ha ido desvaneciendo gradualmente de la memoria pública.

La obra, sin embargo, no es autobiográfica en un sentido tradicional, sino que apela a una dimensión más abstracta: la construcción de empatía hacia la condición humana contemporánea. Construye un lenguaje de indicios y pistas que podrían convertirse en estrategias útiles para fomentar la empatía en las sociedades, para comprender los pequeños y ambiguos detalles como expresiones de líneas temporales paralelas de violencia, trauma y sanación. La fuerza de la colaboración reside en su capacidad de absorber su propio potencial para la expresión diversa: la directividad del texto convive con la significación silenciosa de los objetos encontrados. Cada objeto e imagen remite a una experiencia que invita al espectador a imaginar tanto su origen como su destino.

Un abrigo blanco se convierte en un jeroglífico; en otro lugar, una fotografía del mar—color oscuro como el vino, con horizonte llamando a lo invisible más allá— flota junto a textiles domésticos acolchados y rostros parcialmente ocultos. La lógica del fragmento conforma el todo, de manera asociativa, encarnando una filosofía que concibe la condición del mundo como frágil, perpetuamente remendada y nunca completamente resuelta. Las grietas y las capas son la esencia de la resistencia, representando historias entrelazadas y abiertas dentro de un presente inacabado.

Lo que emerge no es una síntesis, sino una coexistencia cuidadosa: una estética que encuentra belleza en la opacidad, que valora la particularidad incognoscible de cada fragmento al tiempo que insiste en su relacionalidad. La paleta contenida de la instalación opera en tensión con su acumulación maximalista, escenificando un diálogo entre fragmentación y continuidad que refleja la indagación de las artistas sobre la pertenencia. El hogar aparece como un territorio astillado de fronteras cambiantes; la solidaridad no se encuentra en la semejanza, sino en el reconocimiento de trayectorias paralelas de pérdida y reparación a través de distintas circunstancias.

La obra es posible gracias a la colaboración; el medio es a la vez método y motivo. En este espíritu colaborativo reside un optimismo mesurado articulado mediante pequeños actos de negativa, señalados en la palabra neću —la negación en primera persona del singular en serbocroata. Una negativa al aislamiento, al gesto heroico singular y a la reivindicación del Estado-nación sobre la identidad. Letters from the South pone en escena la correspondencia como estrategia de supervivencia, una disciplina de cuidado y reparación que afirma el trabajo cultural como una práctica colectiva y continua.



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